
Lo primero que pensé, "Que bien me veo en este traje". Nunca pensé que acudiera tanta gente y la verdad es que tocó un gran día. El sol está lo justo y necesario. Por que, al menos los hombres, estando con camisa y corbata y los zapatos que pesan y de terno el calor estruja brazos, moja las patillas y frente, es un asco.
Ahí esta la Tía Carlota. Nunca me di cuenta de lo fea que era asta hoy. Allí está esa, perra, nunca me volvió a llamar y hoza presentarse. Allí están los llorones, mis amigos. Todos, no faltó nadie. La mayoría con las manos empuñadas y escondidas en blancos bolsillos. Mamá está echa un desastre la verdad, y papá siempre fue serio, pero ahora si estaba serio, quizás solo miraba nada, pero lo hacía estando serio. Había un tumulto de gente, entre amigos, los otros amigos, esos que de holgazán uno no los va a ver y viceversa y que al final no son amigos pero si, pero eran los otros amigos. Mis tíos, cada uno con los pequeños primos. Estaban los viejos profes. Estaban todos y más. Faltaba solo el azador, la carne y la cebada.
Y llegó el cura, o padre, o no lo se.
"Hola, condolencias aliviaren la carga y el tiempo sera la gaza de su herida"
Podría haber sido una gran celebración ahora que lo pienso, quizás no fue tan razonable poner las muñecas al filo. Pero, tuve un gran funeral.