
Cada vez que las “ramas de los árboles” rascaban la madera endeble que interpretaba ser su pared, apretaba con fuerza las manos, empuñando las sabanas, apretando la respiración y con los labios sellados y queriendo seguir sellándose, como si el de arriba quisiera morder al de abajo, o aplastarlo. Las garras golpeaban cada vez mas violentamente, sus párpados aleteaban y a vista ordinaria, ni con una lupa el hombre mas vivaz podría haberle seguido el ritmo a esas pequeñas pestañas. Se hacía tarde y tarde, pero para el un minuto era crucial. Podía significar ser devorado por el monstruo que rondaba allí fuera escondido quizás donde, o el momento de un reflejo salvador que lo hiciera correr como nadie, o como muchos si se trata de un monstruo claro. Quizás de que color, se había preguntado ayer en la cena próxima a la hora de dormir. Quizás que tan grande será, se había imaginado cuando lo saludo el director el día antes de ayer. Quizás que tan rápido correría al ver sus fauces babeando sobre su alfombra y sus garras ya cerca de la cama, se preguntaba cada día mil cosas sobre este despiadado que no tenía merced con el aún cuando la luz estaba prendida.
A veces cuando los azotes ya provocaban serios sobresaltos y sollozos dignos de quien llora por su vida, de un golpe abría las sabanas y aventaba todo lo que había en el camino hacia la habitación de su hermana. Gracias a Dios que su madre no despertaba fácilmente. Su hermana, 8 años mayor que el y ya acostumbrada a aquello, abría la puerta despacio, ya que crujía como si fuera a romperse. Lo dejaba pasar y dormían los dos ahí, el dormía mirando la muralla y ella hacia el otro lado vigilando por si aquel monstruo aparecía, esperaba a que se durmiera y como su hermano era tan pequeño lo cargaba fácilmente asta su cama, lo tapaba asta el cuello y volvía a la cama. Lo encontraba infantil, y daba la casualidad de que siempre que lo iba a dejar, el viento no soplaba, las ramas no chocaban contra la casa, cosa que bien tarde llego a notar ella. A pesar de todo, ella si se asusto una vez. Fue al baño a orinar ya tarde, cuando acostumbraba ir a dejar a su hermano, se escuchaba un silbido cada vez mas seguido, el viento corría como si se tratase del monstruo, las paredes temblaban y se inclinaban hacia el sur, todo se ponía diagonal y piedrecillas y piedrotas chocaba contra la casa, azotando de tal forma las ventanas que una o dos se habrán roto, un agudo grito bastó y todo paro, paro todo en seco. Perpleja, erizada y asustada corrió a su cama. De escudo usó su cobertor y vigiló su habitación toda la noche. A la mañana, nada había, nadie, ni el pequeño había sentido nada y no dormía tan bien hace mucho. Los vidrios estaban empañados y su piel siguió helada, no se lograba explicar que había pasado pero omitió su pesadilla para no despertar curiosidad en el y ni hablar de mamá.
“Pinocho”, como lo llamaban todos, no tenia padre. Tenía pero en alguna esquina del mundo andaría con la mano extendida. No tenía abuela ni abuelo, abuelo murió en un asalto a su pequeño negocio donde vendía juguetes de madera y las verduras y alimentos que cultivaba la abuela, un día alguien entró y al ver que casi no había dinero, al viejo castigo, murió desangrado. Ese día pinocho vio todo escondido detrás de un limonero. Ah! Y la abuela se inyecto agua en las muñecas después de esperar a Raúl Flores afuera de la casa de una jovencilla que debajo de la falda nada usaba y luego lo atropelló dos veces.
Pinocho no tenía tíos, su único tío no era hijo de la abuela, si no del abuelo. Mas tarde este tío sería un exitoso proxeneta quien manejaba los servicios de Gloria Flores. Un día pinocho lo vio tirado en el pasto moviendo brazos y piernas, este le pregunto mil y un cosas, pero pinocho solo le hablaba a su querida hermana. Tío sabía que de alguna forma pinocho era su sobrino y le dio dinero, luego de mirar su ojos de cristal humedecido como quien sopla dentro de la boca de su maga, le despacho a casa con una cariñosa bofetada y le pidió que por favor no dijera haberlo visto. Pinocho asintió con la cabeza y marchó, aunque Tío no lo sabía pensó que pinocho sabia porque tenía la nariz polvoreada como si talco hubiera caído en ella.
Pinocho no movía las cejas y reía solo cuando metía goles o cuando su hermana le hacía muecas y luego le hacía cosquillas. Pinocho era muy inteligente, y era bastante popular cuando de futbol se trataba, más cuando era de amigos a nadie mucho le agradaba.
Cuando ese día llego con billetes asomándose por el bolsillo su madre le estrujo el brazo y de un golpe lo tiro a la tina con agua bastante fría que curiosamente ya estaba algo preparada, el lloraba pero ni un sonido hacia. Mamá lo sacó de la bañera y con una varilla le golpeaba las canillas, la espalda y los muslos mientras le interrogaba sobre el dinero, sobre porque había matado al gato, de porque el cadáver de su gato estaba en su cama. Pinocho como nunca hablaba, más golpes le llegaban. Mientras lloraba pensaba que nunca un gato había entrado a aquella casa. Mamá comenzaba a impacientarse y cuando la varilla paso a ser una hebilla y su brazo se extendía para tomar vuelo, un golpe en la pared pareció mover la casa entera. El brazo quedo congelado y el cinturón colgando de un lado a otro. Fue algo extremadamente raro, pero no como para de quedarse casi congelado, pero así quedo mamá para suerte de pinocho. Mamá le envió a su cuarto y ella caminaba al suyo cuando entro Pía regando flores por todo el alfombrado. Flores rosa, pétalos rojos, flores amarillos, hojillas verdes, pétalos morados. El cielo lucía como si fuera a caer sobre la tierra de la deuda a contaminar con nubes la hegemonía de lo que todo lo que no fuera flor. Pía era hermosa, era una niña que purpureaba el día, con pecas que resaltaban su rojiza cabellera larga y lacia en la que daban ganas de enredarse. Ella era lo que salvaba a su hermanito del monstruo, ella era la protagonista de sueños húmedos, ella se daba vuelta y el mundo con ella.
Ya en el hospital, pinocho lloraba, su hermana pronto a morir suponía que estaba. Pero extasiado saltaba por todos lados cuando el doctor salio y comunicó que ya no había cuidado. La policía se llevó un par de horas a mamá para saber como es que Pía se había ahogado, horas después ya a casa había arribado.
Mamá ya era viuda más de una vez, todos morían no por causas naturales. Ella era alta y muy religiosa, la vida la golpeo cuando su madre falleció, ella fue una hija muy devota a aquella vieja de mierda. Guardaba un montón de cosas de ellas en su ropero, y lloraba su cama todos los cumpleaños de la abuela. Y cuando la pena la agobiaba, con golpes bajos y cachetadas castigaba a pinocho, mientras que este, rendido sobre la cama, escuchaba los gritos que su hermana daba desesperada por auxilio.
Fue para el día en que abuela habría cumplido un montón de años cuando mamá despertó con desayuno a sus amados hijos. Panes tostados, leche fresca, café en granos y leche chocolatada para pinocho. Salieron los tres a caminar por la carretera de tierra, ninguno de los dos salía de su asombro al ver la mesa al desayuno y al ver a mamá siendo mamá. Mamá deliraba con el aire que movía su vestido, que en realidad era el vestido de su madre, reía con cada cosa que se le ocurriera. Llegaron a casa y tuvieron la visita de un hombre algo mayor que con un beso no adecuado y carnal saludo a mamá. Galletitas en plato, café instantáneo y de granos, té, leche cultivada y todo sobre la mesa adornado.
El hombre mayor con su bigote que se pronunciaba aún más cuando reía tan acaudaladamente era muy sociable, tanto que a ninguno de los dos les agradó. Ya tarde los dos se fueron a sus habitaciones y mamá se llevo al hombre mayor a la suya. Ahora si que la casa se movía, pero nada mágico había en ello.
Habrán quedado algo así como dos horas para que comenzara a amanecer y de un azote en la pared pinocho despertó, los golpes siguieron de nuevo de sorpresa haciendo que pinocho pegara las rodillas al pecho, se tapara casi por completo y se mordiera los labios tan fuerte que manchó con sangre la almohada. Se armó de valor y miro de reojo la ventana que de un golpe de pronto se abrió. Quería hacerse el muerto, pero no le resultaba, aun así lo seguía intentado, se dijo a si mismo que no abriría los ojos por nada del mundo. Pasos que causaban estruendos y hacían crujir la casa entera caminaban hacia el, su sangre helada y sus uñas que perforaban a presión sus palmas, pinocho podía escuchar que sonaba como si ramas se arrastraran por su piso mientras los pasos acallaban el sonido un momento tras momento, sintió algo respirando sobre su oreja, un aliento, un soplo calido, y pinocho cayo en una posa de sedante, la orina era absorbida por su colchón y cuando vio que todo era inminente, un grito que despertaría a los muertos plantó. Su puerta de golpe se abrió y el aire en su oído ya no se sintió, su madre del pié lo jaló y al suelo cayo. Mamá no decía nada, simplemente la cara le pateaba. Del cabello lo tomo y en su closet lo metió. El closet era bastante grande para ser un closet, pero nada veía pinocho. Sentía pasos, y los gritos de su hermana que se alejaban cada vez más.
Ahí dentro del closet acorralado en una esquina su respiración se sintió amplificada. Demasiado fuerte, extremadamente fuerte. Uno, dos y tres, aguanto la respiración, pero se seguía escuchando algo respirar. Desesperadamente comenzó a golpear contra la puerta queriendo salir como se pudiese. Ya cuando su corazón ya casi no podía, conoció a Gago. Gago tuvo un grabe problema respiratorio y luego cáncer de pulmón, se disculpó por haberle asustado y que no es intencional el respirar tan fuerte. Gago sabía que pinocho no hablaba, así que el simplemente conversaba como sintiéndose escuchado, en verdad lo estaba. Gago era un niño, de dos años menos que pinocho. Era muy divertido y simpático, también gustaba del futbol aunque sus complicaciones físicas no lo dejaron jugarlo nunca, y el mismo dijo mas de dos veces que ya no recordaba su propia cara, que no sabe si es moreno o blanco, que mata el tiempo jugando a imaginar como es el mismo. De pronto gago gritó, poniendo alerta a pinocho, gago gritaba y gritaba, y golpeaba las paredes de su casa, golpeaba y gritaba, se escuchaba como se rompían las uñas de este al rascar el closet. Pinocho se había orinado de nuevo y lloraba y se moría de susto. Gago no paraba de saltar y lanzarse contra los costados y golpear y gritar y seguir gritando como si estuviese muriendo, pinocho no aguanto el susto y le gritó que parara y gago paró al escucharle hablar.
Podrían haber pasado algunas horas, quizás la mañana entera cuando pinocho despertó. La puerta del closet estaba abierta, y al salir su casa estaba echa ceniza. Toda la casa, menos la pieza de su hermana. Tocó la puerta como lo hacia cuando huía del monstruo, pero su hermana no le abrió, aún así entró y la vio acostada de lado, se puso al lado de ella y esta lo arropo con su brazo. Cuando la gente dio con la sorpresa de la casa quemada se acercaron y el horror por ver a una mujer y un hombre mayor desmembrados en el jardín de atrás fue pausado por una extrañes inmensa al ver solo un closet y una cama intactos, y a los dos hermanos durmiendo como nunca, porque nunca mas despertaron.

todos deberiamos tener un gago en nuestro closet!
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