marzo 16, 2009

Caleidoscopio


Un día Floreada salió a por el sol. Buscaba un poco de calor ya que el viento parecía apuñalar cuanto abrigo se pusiera. Pero eran casi las siete, y el sol se encontraba jugando a las escondidas con las estrellas. Ya había pillado el lugar perfecto, un rincón bien apretado, donde calzaba perfectamente, y tan oscuro como para apagar sus rayos. Pero como siempre se quedó dormido y no despertó sino al día siguiente cuando las estrellas ya se habían aburrido de jugar y se fueron a sus camas a descansar después de tan furtiva y fallida búsqueda.
Floreada se aburrió de tan bipolar clima. De tener que ponerle guantes asta a sus oídos de tanto frío, a tener que correr a la bañera y de un piquero caer sobre el agua helada de tan sofocante calor. Así que un día con una voz tan grave que le sangraron las encías, le llamó la atención al sol mientras este reposaba después de un gran almuerzo. Justo cuando sus pestañas se abrazaban, la ruda voz de Floreada hizo que se abrieran de par en par. Sus rayos ya no eran horizontales o verticales, sino que parecían tentáculos amarillos. Tan pero tan fuerte sonaban los reclamos de Floreada que asta las estrellas se despertaron y alzaron las orejas.
Floreada lucía ya venas en frente y brazos, y su lenguaje dejaba bastante que desear. Las palomas se escondían detrás de los tendederos de ropa asustadas, los perros se escondían detrás de los gatos que erizados y con las garras al aire parecían estar clavados al piso, la gente con los pelos de punta y asustada. Ahora el reto iba para todos, Floreada había pasado desde los mas intensos resfríos asta parálisis faciales. Las hormigas olvidaron el azúcar y corrieron los mas lejos que pudiesen de aquellos gritos, tropesando con todas sus compañeras y armando un desorden en sus largas filas.
Tanto fue así que justo cuando el sol ya había tenido dos taquicardias y no había parpadeado ya en diez minutos, la luna con temor, cosa que era increíble debido a su sobervia forma de ser, se asomó un poco, sintiéndose también culpable y merecedora de aquel sermón divino. Luego se acerco un poco más, luego más, y ahora estaba de frente a unos metros del sol. Floreada detuvo su lengua de un golpe, y pasmada quedó cuando notó que ya no hacía ni mucho frío, ni mucho calor. Un suspiro como pocos soltó y se lanzó al piso gozando de tan agradable clima.

1 comentario:

  1. me gustan los nombres que le poni a tus personajes! al menos a mi me cuesta demasiado encontrar el adecuado para los mios~

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